Teníamos sólo medio día por delante, porque a las 5pm salía el avión para Buenos Aires.
Durante el día íbamos a recorrer el parque nacional de Iguazú en Brasil, para ver las panorámicas de las cataratas. Las hicimos con un guia privado... se acabaron las aglomeraciones.
Todo transcurrió como hecho a medida. Nos vinieron a recoger a las 9.30, así que la resaca tuvo tiempo de irse apaciguando.
Nuestro chofer privado, con acento argento-brasileiro nos llevó a hacer unas compras de artesanía local, y sin prisas, al parque. Allí nos dio todas las indicaciones que necesitábamos y nos dejó pasear solos por los miradores. De vez en cuando, aparecía y nos volvía a dar indicaciones.
La verdad es que era cierto, las panorámicas son brasileñas. Habían cataratas que desde el lado argentino ni se veían, pero lo más espectacular fue ver la garganta del diablo casi desde dentro. Han construido un mirador que está suspendido sobre las aguas que se precipitan desde las mayores cataratas..... uffff, ahí estuvimos un buen rato.
No quiero olvidar un detalle. Ese mirador estaba sobre el punto, donde todos los arco iris nacen, o acaban. Suena cursi, pero me da igual. La cuestión es que bajo nuestros pies había un arco iris redondo, y no la típica parábola que vemos en el horizonte: UN ARCO IRIS CIRCULAR Y A NUESTROS PIES.
El ruido es tan ensordecedor, que los trabajadores usan tapones para los oídos. Las camisetas y el pelo se empapan de las gotas que el aire mueve desde la catarata, y la verdad es que se agradece. En el lado brasileño, da el sol por la tarde y pueden haber sensaciones térmicas de 50 grados.
Otra vez tuvimos suerte con el tiempo, lo que nos confirma que la mejor fecha para visitar ARGENTINA es el final de SU invierno. En Septiembre.
No Manolo, no cogí (perdón, agarré) el helicóptero porque nos sabíamos la cataratas de memoria, pero estuvimos a puntiiiiito de hacerlo sólo para podértelo contar, jajajajaja. Que sepas que, Isabel y tú habéis estado presentes en nuestro viaje. Mil gracias por vuestros consejos.
Poco más que contar. Volviendo para el aeropuerto nos "colaron" en el Sheraton para ver las vistas, y paramos en un arcén de la carretera para ver a un Yacaré (caimán).
El vuelo estupendo, y de nuevo en el oscuro Buenos Aires.
Seguiremos informando.
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